Caballo Blanco
Caballo camargués
El caballo camargués lleva el mismo nombre que su región de origen en el delta del río Ródano, en el sur de la Francia. La raza camarguesa es una raza muy primitiva. De hecho, se piensa que este caballo tiene un lazo muy estrecho con los caballos representados en las pinturas rupestres de las cuevas de Lascaux, en Francia.
Este caballo vive en las regiones pantanosas de Camargue desde hace centenares de años. Los vaqueros los utilizan para reunir los rebaños de toros salvajes.
Caballos albinos
Este caballo se caracteriza por su pelaje blanco, por su piel rosada y por sus ojos azul pizarra o azul oscuro. En estado salvaje, el Albino tiene los ojos rosas debido a la falta de pigmentos. El Albino es una de las razas más dóciles, inteligentes y equilibradas que existen.
Caballos Lippizzanos
El Lippizzano debe su nombre al acaballadero esloveno de Lipizza, fundado en 1580. Este caballo también es domado en otras regiones de Europa del este. La mayoría de la gente asocia al caballo Lippizzano con la Escuela de Equitación española de Viena.
Sólo los mejores sementales blancos, de cinco años de edad, están admitidos en el programa de entrenamiento. Los mejores caballos se convierten finalmente en sementales reproductores.
El Lippizzano ha demostrado también sus cualidades en el deporte ecuestre o en la doma internacional. El árabe o el andaluz son antepasados de los caballos Lippizzanos.
El caballo blanco en la India
En la antigüedad, en la India, se sacrificaba un caballo blanco con el fin de asegurar la prosperidad del reino. Soltaban al corcel blanco más bello del reino en dirección nordeste. El Príncipe heredero y algunos jóvenes guerreros, debían seguir todos sus desplazamientos durante un año.
Éstos debían preservar su libertad y, sobre todo, impedir que se emparejara con ninguna yegüa. Encarnación del sol, su carrera era sagrada y los territorios atravesados pertenecían de oficio al soberano.
Cuando transcurrido un año, el caballo volvía a su punto de partida (empujado por los jinetes) la hora de su muerte se acercaba. Este rito solar era practicado al acercarse el fin de un reinado, con el objetivo de que el soberano trasmitiera a su hijo mayor, su gloria y su territorio.
Los caballos blancos en Persia
Los persas les atribuían un importante papel religioso a los caballos blancos. Los habitantes de Cilicia debían darle uno al día al rey de Persa, que era la encarnación de Mithra, el dios de la Luz y el dueño de los vastos pastos. Mithra conducía un carro tirado por cuatro caballos blancos inmortales. Los caballos blancos eran sacrificados en un culto dedicado a este Dios.
Los caballos blancos en China
En China, se veneraba a las yeguas blancas de Kubilay Khan, nieto de Gengis Kan y el primer emperador chino, fundador de la dinastía del Yuan.
En el momento de la fiesta blanca de la primavera, los allegados de Khan reunían mil yeguas y sementales de una blancura inmaculada. Cuando estas yeguas pasaban a través del país, nadie se atrevía a atravesar el camino. Acercarse era considerado como una profanación. Sólo el "hijo del cielo" y sus parientes más cercanos podían beber la leche de las yeguas sagradas.
Los celtas
Los celtas también honraban a los caballos. A su muerte, los caballos no eran comidos ni abandonados para que se los comieran los buitres o depredadores carroñeros, sino que eran sepultados.
Los caballos blancos fueron consagrados, en particular las yeguas, como símbolos de la fertilidad. Los jefes participaban en ritos de fecundidad con yeguas blancas con el fin de aportar prosperidad a su pueblo.
Como hemos podido ver, el caballo blanco ha desempeñado un papel importante en diferentes culturas a lo largo de la historia.